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Hay silencios que dicen más que mil alarmas, y el que se sintió este 13 de abril en el Cuartel de Bomberos Voluntarios es uno de esos. No es un silencio de ausencia, sino de respeto profundo. Tras más de tres décadas de arriesgar la vida por el vecino, de ser el primero en llegar y el último en irse, un referente de la institución ha decidido cerrar su ciclo activo, dejando una huella imborrable en el asfalto y en el alma de la comunidad.

​Su historia con el uniforme comenzó una tarde de febrero de 1992, casi como un juego de destino en año bisiesto. Hoy, a los 50 años de edad y con 34 de servicio, Sergio Fernandez se retira con los máximos honores, pero sobre todo, con la paz de quien sabe que dio hasta la última gota de energía por su vocación.

​La memoria de este servidor público es, en realidad, la memoria de las grandes tragedias y desafíos que atravesó nuestra región y el país. En su mochila de experiencias se lleva el eco de la fábrica de bolsas en el 94, el barro de las inundaciones locales del 98 y la angustia nacional por la tragedia de Calle Salta. Desde el comando de incidentes en los incendios de islas hasta los bosques de la Patagonia, su figura fue sinónimo de profesionalismo y templanza en medio del caos.

"Sentí que di todo lo que tenía que dar", expresó con la sencillez de los grandes en sus redes sociales. Y es que su carrera no fue solo apagar incendios; fue encender el conocimiento. Como instructor de Materiales Peligrosos, director de capacitación y dos veces Jefe del Cuerpo Activo, se encargó de que quienes venían detrás tuvieran las herramientas para volver sanos a casa.

​El retiro de un bombero nunca es total. El uniforme se guarda, pero la piel queda impregnada de ese olor a humo que simboliza el deber cumplido. En sus palabras de despedida, el agradecimiento fluyó hacia sus compañeros, oficiales y suboficiales, pero especialmente hacia su familia, ese sostén invisible que aguantó las guardias eternas y los regresos cansados.

​"Se me hará un nudo en la garganta cuando vuelva a escuchar la sirena y los vea pasar a toda velocidad", confesó, adelantándose a esa nostalgia inevitable de quien lleva el servicio en la sangre.


 

​Villa Gobernador Gálvez despide hoy de las filas activas a un profesional que se formó como técnico universitario gracias a la institución, a un líder que supo comandar en la adversidad y a un amigo que hoy elige dar paso a las nuevas generaciones.

​Se apagan las luces del cuartel para él, pero la llama de su ejemplo quedará encendida en cada rincón del destacamento. Gracias por cuidarnos, gracias por el sacrificio y, sobre todo, gracias por enseñarnos que el honor no se negocia.

​Hasta siempre, Jefe. La ciudad le saluda con el respeto que solo se le rinde a los héroes de carne y hueso.

Autor: admin